Te alabamos, óyenos

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El inspector Ochoa se revolvía intranquilo en el sofá de escay intentado encontrar una postura cómoda. Cuando al fin se dio por vencido apoyó el codo en el brazo del sofá, cubierto por un delicado tapete de color azul, para aliviar su espalda.
La anciana se quedó congelada con la taza de café rozando sus labios y los ojos saliéndosele de las orbitas contemplando como aquel extraño desgraciaba su ajuar.
— Bien, volvamos a la noche de autos –dijo el comisario dando un respingo y alisando rápidamente el tapete.
— Le repito que no vi ni oí nada, caballero. A esas horas que usted me dice yo ya llevaba rato dormida.
El inspector la miró levantando una ceja.
— Señora, hemos encontrado doce cadáveres en el sótano de su vecino. Algo habrá visto.
— No soy de las que se meten en la vida de la gente, pero esa chica que lo atendía… -chasqueó la lengua y negó con la cabeza- No me gustó nada desde el primer día.

Recuperado del disco duro del portátil encontrado en la casa.
Los días aquí pasan tan lentamente… No hay tele ni acceso a internet. La casa está impoluta salvo su despacho (ya me he dado por vencida al respecto) y el sótano al que no se me permite bajar.
Mi única diversión es hacer de rabiar a la vecina de enfrente paseándome en ropa interior frente a la ventana. Es la única manera de conseguir que deje de espiarnos por unas horas.
En cuanto al escritor, bien podría hacer lo mismo en sus narices que no lo notaría. Puede pasar horas fuera mirando la espesura del bosque casi catatónico. A veces baja al sótano pero sólo cuando yo no estoy en casa. El resto del tiempo escribe.
En la semana que llevo aquí no hemos cruzado ni tres palabras, sin contar la fuerte discusión del primer día.
Pienso en el dinero y me digo que merece la pena aguantar.

Fragmento del diario de W. J.
Hay una mujer en la casa. No entiendo qué hace aquí y así se lo he hecho saber cuándo abrí la puerta ¡Más de un minuto seguido haciendo sonar ese maldito timbre! No necesito a nadie que cuide de mí. Dice que la manda mi editor. No me fio de ella.

Noticia de “La Crónica”
[..] Y con esta ya son tres las menores desaparecidas este año. La policía no ha querido hacer declaraciones pero extraoficialmente se sospecha de una red de pederastas establecida en la zona, algo insólito hasta la fecha […]

El inspector Ochoa rechazó los dulces de la anciana por enésima vez.
— Hábleme de su vecino, ¿tenía buena relación con él?
— ¡Oh, un hombre encantador! Al principio era muy reacio a unirse a nosotros en la parroquia pero, una vez accedió a acompañarnos, comprendió que era lo que realmente necesitaba.
— ¿Iba mucho?
— Todas las noches.
— ¿Por la noche?
— Nuestro Señor nunca duerme, inspector.
— Por casualidad no sabrá usted dónde está el párroco, nos ha sido imposible localizarlo…
— El pasado jueves se cayó y se fracturó la cadera -interrumpió al instante-. Creo que se lo llevaron al San Ignacio o puede que a Nuestra Señora de la Paz… Mi memoria no es lo que era –dijo haciendo un mohín.
El inspector lo anotaba todo guardándose de hacer cualquier mueca o gesto que delatase su escepticismo. La memoria caprichosa de la buena mujer recordaba las fechas en las que la enfermera había salido de la casa y no había vuelto hasta la madrugada, pero olvidaba el hospital dónde estaba ingresado su adorado párroco.
— De todas formas, ¿para qué tantas preguntas? ¿no está claro que ese hombre perdió la cabeza?
— Es el protocolo a seguir –mintió.

Fragmento del diario de W. J.
Me cuesta concentrarme con esa mujer en la casa. Le he dicho que no entre en mi despacho, que no limpie nada, pero no dejo de encontrarla merodeando por aquí en cuando me despisto. Ella dice que ordena mis cosas pero sólo consigue que no encuentre nada y me pone nervioso.
El padre me ha enseñado unos ejercicios de relajación. Dice que si repito el mantra una y otra vez todas las voces de mi cabeza se unirán en una sola que me permitirá pensar con claridad.
Me siento más cerca del Señor. Ahora no me avergüenzo de lo que me pasa. Él me quiere tal y como soy, por eso me ha hecho su mensajero.
Debo dejar a un lado mi estúpida manía de anotar pensamientos mundanos y seguir escribiendo su palabra.

Noticia de “La Crónica”
[…] Sus agentes afirman que sólo se ha ausentado momentáneamente para un retiro espiritual pero otras fuentes aseguran que lleva más de seis meses en paradero desconocido. A estos comentarios habría que añadir el hecho de que no se haya publicado ningún libro del autor este septiembre, como suele ser costumbre. ¿Ha desaparecido el gran maestro del terror o es una simple maniobra de márquetin para doblar las ventas? […]

Recuperado del disco duro del portátil encontrado en la casa.
Le oigo hablar sólo en el sótano, repetir palabras en un idioma desconocido. Antes sólo bajaba cuando me iba a hacer recados pero ahora no sale de allí. No puedo soportar ese sonido, ese cántico aterrador.
He intentado escaparme a ratos al pueblo, tomar un café en el bar o simplemente pasear, pero esa gente no deja de mirarme y de hacer comentarios. Esos beatos tienen una imaginación más depravada que la de cualquier adolescente hasta arriba de hormonas.
Necesito salir de esta casa. ¿Este es el precio por mi pecado? Cuando llegué no creí estar haciendo nada malo…

El inspector Ochoa salió de la casa de la anciana intentando no derribar ninguna figurita a su paso. No había sacado nada en claro de esa conversación. Sabía que la mujer mentía, pero eso no lo ayudaba en absoluto.
¿Qué demonios había pasado en realidad en aquel sótano? Y lo que era más importante, ¿dónde estaba el maldito manuscrito?

Transcripción de la conversación entre una denunciante anónima y el 112
POLICÍA: “112”
ANÓNIMA: “Tienen que venir inmediatamente… Están todos locos… Hay sangre por todas partes…”
POLICÍA: “Tranquilícese señorita. Empiece diciéndome dónde se encuentra.”
[Ruidos de golpes en el teléfono]
ANÓNIMA: “Ya no hay tiempo. Aquí, en Pozonegro, están matando a gente. Todos. Todos lo saben”
POLICÍA: “Entiendo… Dígame su situación exacta y enviaremos un coche a recogerla.”
ANÓNIMA: “En su habitación… Pero están todos allí abajo… Yo solo quería aprovechar la situación, ¿sabe? Encontrarme a ese hombre, al escritor, seguirle hasta aquí… y entonces pensé…”
POLICÍA: “Tranquilícese, si no deja de llorar no puedo entenderla bien.”
ANÓNIMA: “…pensé que alguien me daría una recompensa por encontrarlo, que debía acercarme a él, sacar fotos… Luego vi el manuscrito… ¡Pero no lo sabía! No sabía qué hacía esta gente, qué estaba escribiendo ese loco… No es una iglesia normal…. Tienen que saberlo… Lo siento tanto… Dígale a mi madre que la quiero.
[Ruido de golpes y gritos]
Fin de la transcripción

El inspector Ochoa visitó la casa una vez más. El sótano había sido limpiado pero aún se veían las extrañas marcas en las paredes. El caso permanecía sin resolver y seguramente así seguiría durante mucho tiempo.
Las víctimas se habían identificado. Todos hombres, la mayor parte fichados por delitos violentos: violaciones, pederastia… Por si eso no fuese bastante para reducir las ganas de encontrar al culpable, el principal sospechoso era el misterioso hombre que vivía en la casa, del que nadie tenía constancia ya que el dueño oficial de esa y el resto de viviendas del pueblo era el cura que seguía sin aparecer.
El inspector sabía quién era el hombre que buscaban. Lo supo en cuanto vio las iniciales en su diario: W. J. o Wilbur Jackson, el gran maestro del terror. Pero no dijo nada. Un manuscrito original e inédito del tristemente desaparecido escritor sería la respuesta a todos sus problemas.
— La chica lo sabía también –dijo al eco de las paredes-. ¿Lo encontró ella? Lo dudo mucho a juzgar por los gritos de la grabación… Un montón de depravados sacrificados en un sótano, ya no está de moda eso de matar vírgenes ¿eh, Wilbur?
— No es lo que pide Nuestro Señor.
Al girarse el inspector reconoció a la anciana y dedujo la identidad de la joven que la acompañaba pero sólo cuando el tercer individuo estuvo lo bastante cerca, cuando sus mandíbulas se abrieron verticalmente enseñando hileras interminables de pequeños colmillos, cuando lo atrapó con unas garras palmeadas y vio en su deformado cuerpo los restos de lo que fue una sotana, sólo entonces tuvo una ligera idea de lo que había ocurrido con el párroco.

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3 comentarios sobre “Te alabamos, óyenos

  1. Primero que nada, un aplauso. Manejas la historia introduciendo pequeños retazos de diferentes fuentes sin hacer que tu lector se vuelva loco. Eso habla de habilidad y calidad en tu escritura. Muchas felicidades.

    La historia envuelve y con una magistral vuelta de tuerca, cambias lo que parecia una historia conocida en algo totalmente diferente. Me gusto muchisismo.

    Felicidades y pedazo de escritora que eres.

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