Para(nada)normales

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‚ÄĒ¬†¬†¬†¬† Vamos a ver, agente‚Ķ

‚ÄĒ¬†¬†¬†¬† No me puedo creer que las primeras palabras que vaya a escuchar mi hijo sean: ‚ÄúAgente, esto no es lo que parece‚ÄĚ ‚ÄĒdijo Vera desde la camilla mientras sosten√≠a un bulto rojo que no se enteraba de nada, y fulminaba a su amiga con la mirada.

‚ÄĒ¬†¬†¬†¬† Agente, est√° claro que ha habido un malentendido ‚ÄĒdijo Lara, para despu√©s mirar a la nueva madre‚ÄĒ ¬ŅMejor?

‚ÄĒ¬†¬†¬†¬† Se√Īoras, no se desv√≠en del tema y expl√≠quenme qu√© hac√≠an ah√≠ ‚ÄĒla polic√≠a se√Īal√≥ una habitaci√≥n llena de fardos de coca√≠na.

‚ÄĒ¬†¬†¬†¬† Que quede claro, agente, que no est√°bamos haciendo nada ilegal‚Ķ

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Y acabar con todo

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Querido √Ālvaro:

Esta tarde ha venido de visita Magda. Ha traído a Gustavo y Ernesto se ha puesto muy contento por tener alguien con quien jugar. Magda dice que cuando llegue su hermanito estará entretenido y no armará tanto jaleo en casa. Se ha alegrado cuando le he dicho que han aceptado a Ernesto en el colegio para superdotados, aunque me he guardado mucho de usar esa palabra.

Esta vez no puedo mandarte la ecografía, Ernesto estuvo trasteando con ella y he tenido que tirar los pedazos a la basura.

Gustavo es un ni√Īo encantador. Mientras nos tom√°bamos el caf√©, no he podido dejar de mirar c√≥mo jugaba con los coches, c√≥mo re√≠a cuando se ca√≠a en el barro, c√≥mo corr√≠a de vez en cuando hasta su madre para ense√Īarle algo que hab√≠a encontrado entre la hierba del jard√≠n. Ernesto tambi√©n lo miraba, quieto en su rinc√≥n de pensar, como t√ļ lo llamas. Lo miraba a √©l y me miraba a m√≠. Porque nuestro hijo, el peque√Īo genio de seis a√Īos, reconoci√≥ en mi mirada el anhelo. Y no pareci√≥ gustarle.

Pero no, a Ernesto no le pasa nada, es s√≥lo un ni√Īo muy inteligente que se ve frustrado en un colegio que no le ofrece lo que necesita y con unos compa√Īeros, como Gustavo, que no alcanzan a comprenderle. Cuando me pega patadas en realidad no me las pega a m√≠, sino al mundo, que le queda peque√Īo. Cuando coge las tijeras y da golpecitos en mi tripa es s√≥lo su forma de llamar la atenci√≥n, ¬Ņverdad?

Esta tarde he corrido con el coraz√≥n en la garganta porque los ni√Īos hab√≠an desaparecido. ‚ÄúYa est√°‚ÄĚ me dijo nuestro hijo cuando los encontr√©.

Esta tarde he tenido que sacar a Gustavo del arroyo, pálido y frío, pero vivo. Esta tarde he mentido a Magda y ella ha fingido creerme.

Ernesto duerme abrazado a su almohada, con el rostro relajado, mientras te escribo. Y ser√≠a tan f√°cil, √Ālvaro, tan liberador usar esa almohada‚Ķ

 

 

Microrrelato enviado (y no premiado ūüė£ūüė£ūüė£) al 11¬ļ concurso de microrrelatos de terror y gore del festival de cine de terror de Molins de Rei.

Las lecturas de Miss Iracunda

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La historia que os voy a contar hoy no termina con nadie muerto y/o en un manicomio. Al menos no de momento.

Despu√©s de mucho tiempo d√°ndole vueltas (y de un intento que no lleg√≥ a convencerme del todo en Instagram) he decidido abrir un nuevo blog literario en el que colgar√© rese√Īas y dem√°s noticias o an√©cdotas relacionadas con los libros. Un blog llamado (efectivamente) “Las lecturas de Miss Iracunda” . Originalidad a tutipl√©n. Sigue leyendo “Las lecturas de Miss Iracunda”

El extra√Īo caso del Se√Īor Afilado

El se√Īor afilado caminaba sin apenas separar las piernas. Arrastraba los pies a un ritmo r√°pido y constante que provocaba un frufr√ļ exasperante en sus pantalones de pana.

Desaparec√≠a por unos segundos en las tinieblas (frufr√ļ, frufr√ļ, frufr√ļ) para volver a aparecer (frufr√ļ, frufr√ļ, frufr√ļ) bajo la luz de una de las farolas que se alcanzaban a ver en ese tramo de carretera.

La chaqueta y los pantalones que cubr√≠an la poca carne que rodeaba sus huesos, nervuda y l√≠vida, apenas pod√≠an defenderlo del viento de aquella √ļltima noche de octubre.

Los brazos se agitaban totalmente rendidos al ritmo de su caminar y ligeramente inclinados hacia atr√°s por la curvatura de su espalda.

Su cabeza, en cambio, permanec√≠a erguida y apuntando hacia delante como el √ļltimo soldado en pie que arrastra al resto de sus compa√Īeros ca√≠dos de vuelta a casa.

La luz de la farola que estaba más cerca de mí acentuó las crestas de sus pómulos y los hoyos que rodeaban sus ojos.

Hundidos y rodeados de ruina, ese par de ojos marrones, sanos, inteligentes ‚Äďvivos, al fin y al cabo-, me diseccionaron durante el minuto que le llev√≥ alcanzarme y sobrepasarme. En ning√ļn momento su mand√≠bula dej√≥ de masticar los restos de su √ļltima comida, que le chorreaban por las comisuras de la boca.

Lo contempl√© alejarse carretera abajo hipnotizada, incapaz siquiera de preguntarme qu√© hab√≠a pasado. Segu√≠ mirando en esa direcci√≥n hasta que dej√© de o√≠r el frufr√ļ. Segu√≠ mirando en esa direcci√≥n hasta que empec√© a o√≠rlo a mis espaldas.

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Microrrelato enviado (y no premiado ūüė£ūüė£ūüė£) al 11¬ļ concurso de microrrelatos de terror y gore del festival de cine de terror de Molins de Rei.

Una habitación violeta

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Una habitaci√≥n violeta es un club de lectura feminista (¬°Oh, santo dios! ¬°Traigan antorchas y agua bendita!, que lo digo en broma pero hay que ver c√≥mo est√° el Twitter…). Me apetec√≠a mucho hacer algo de este tipo desde el famoso Our Shared Shelf de Emma Watson y he encontrado este proyecto tan chulo coordinado por Iris de asomo, Mi Rinc√≥n de Libros y Sue√Īos entre Letras.

Obviamente los libros que leeremos ser√°n de tem√°tica feminista y no me molestar√© en explicar por vez un mill√≥n que feminista no significa querer quemar a los hombres en una hoguera. En el mes de julio leeremos El color p√ļrpura de Alice Walker.

Si queréis apuntaros al club sólo tenéis que seguir a los tres blogs arriba citados, poner un banner en vuestro blog con el logo del club (aunque creo que no hace falta tener blog para unirse) y publicar un comentario en twitter con el hashtag #CLVioleta diciendo que participáis.

Tenéis toda la información, mucho mejor explicada, aquí.