Está usted muerta, ¿y ahora qué?

cielo

 

Cuando leáis esto habré muerto. Y así, con cinco palabras, me convierto en leyenda. Porque a los muertos se nos respeta. Porque a los muertos no se nos lleva la contraria y se nos recuerda con cariño. Una vez me gritó y me tiró una copa de vino a la cara. Lástima no haber sabido entenderla, dirán, y lo cierto es que cuando le lancé la copa entendió a la perfección que lo que quería era mandarle a la mierda. Sigue leyendo “Está usted muerta, ¿y ahora qué?”

Crimen y castigo

luces-navidad

 

Emma paseaba nerviosa por el parque. Se entretenía mirando los distintos puestos de figuritas del belén, chucherías y chocolate caliente pero no dejaba de mirar de reojo la entrada por la que se suponía llegaría Ernesto en cualquier momento.

Tenía algo importante que decirle y creía que la noticia merecía un escenario como aquel, una feria que se repetía todos los años y que les permitiría volver a recordar aquel momento.

Es cierto que habría preferido decírselo en la intimidad de su piso, “perfecto para ti, para tu proceso creativo”, y decorarlo con guirnaldas y calcetines si no fuese porque a él la Navidad le parecía comercial y “otra manera de manipularnos”. Intentó convencerle de que el árbol y el acebo eran totalmente paganos pero, después de unos minutos de reflexión, Ernesto terció que debía dedicarse a escribir manteniendo intacto su “refugio de escritora”.

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Negocio familiar

 

casa encantada

 

No es que quiera presumir. No es eso. Soy un humilde padre de familia, pero quisiera que se me recordase como un visionario empresarial. Un hombre hecho a sí mismo. Un hombre que, arriesgándolo todo en plena crisis mundial, compró una casa semiderruida en medio de la nada y levantó un próspero negocio que ha alimentado a la familia Ruíz durante años.

Nosotros llamamos a la casa Villa Dolores en honor a mi difunta -y no por ello menos querida- suegra, pero el resto del mundo la conoce como La Casa del Terror. Y hemos trabajado mucho y muy duro para que siga siendo así. Sigue leyendo “Negocio familiar”

Susto o muerte

ruso tatuado

 

Desperté y un ruso tatuado estaba allí. Parpadeé pensando –deseando- que el cóctel de Ginebra y Noctamid me estuviese jugando una mala pasada. Otra vez. Pero, sin darme tiempo a girarme y seguir durmiendo, mi alucinación comenzó a hablar con un perfecto acento inglés. Era un sonido pastoso que me llegaba lejano y se hundía en los algodones de mi cerebro.

—     Buenos días, señor… ehh… Green —dijo el ruso, leyendo el pasaporte que solía estar en la caja fuerte—. Hoy es su día de suerte. Sigue leyendo “Susto o muerte”