Abismo

chica gritando

La chica se despertó con la sensación familiar de que le sangraba la nariz. Estaba segura de que si se la tocaba estaría húmeda y cuando abriese los ojos toda la almohada estaría manchada de sangre. Mierda. Intentó comprobarlo sin éxito. Ahora se me ha dormido el brazo, simplemente genial. Empezó a activar la circulación de los dedos simulando tocar un piano invisible. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba boca abajo.

Sus brazos se desperezaron pero seguía sin sentir el tacto de las sábanas. Los movió a los lados consiguiendo únicamente balancear todo su cuerpo. Debería abrir los ojos, debería despertarme. En un último intento, alzo una mano hacia su cara y se golpeó accidentalmente en un ojo. ¡Joder! Vale, por lo menos ya sé que los tengo abiertos. Debo estar a oscuras.

Las luces se encendieron para darle la razón y dejarla momentáneamente ciega. Cuando su vista se hubo adaptado comprendió que en realidad no veía nada. Debajo –¿¡Debajo!?– tenía una masa negra, pulida de tal manera que se reflejaba como un espejo. Se vio a si misma colgando y más arriba una gran foco, pero nada más.

Le pareció oír unos pasos alejándose sobre una superficie metálica que, tras varios minutos, desaparecieron en la distancia. Sus gritos pidiendo ayuda –¡Hijo de puta, vuelve aquí!- fueron ignorados. Empezó a sentir miedo de verdad al ver que la superficie negra comenzaba a moverse.

Unos círculos concéntricos le advirtieron de que aquello no era algo sólido. Aceite. No, espera. ¿A qué huele? ¿Salitre? Mierda, no me jodas. Levantó la cabeza apenas unos centímetros y atisbó los bordes de lo que parecía una piscina, más bien un tanque.

El sabor a metal le inundó la boca poco antes de que unas gotas de sangre resbalasen de su nariz hasta el agua. En aquel momento la criatura emergió.

Lo primero que vio fue una silueta blanca. Luego apareció una aleta dorsal enorme. Jodidamente enorme. Y de la misma forma que vino desapareció. Por unos segundos la superficie volvió a ser un espejo que reflejaba el rostro desencajado de una chica que gritaba. La imagen sólo se veía interrumpida por las gotas de sangre que continuaban cayendo.

Habría podido jurar que si extendía un poco más los brazos sus dedos rozarían el agua pero, cuando el gran tiburón blanco saltó hacia ella enseñando las hileras de dientes, comprendió realmente la distancia que los separaba.

Un líquido caliente resbalaba ahora por su cuerpo. Me he meado. Genial. La buena noticia es que el cabrón no puede alcanzarme. El tiburón nadaba haciendo círculos. ¿Verdad?

La chica se balanceó intentando tener una visión más amplia del lugar y creyó distinguir un brillo metálico en el borde del tanque. ¿Cuánta distancia hay? ¿Diez metros? ¿Veinte? ¿Importa algo, teniendo en cuenta que sólo se nadar como un perro?

Mientras calculaba sus posibilidades el tiburón había vuelto a sumergirse y a emerger. La gran cabeza estuvo esta vez más cerca de separar su cuerpo en dos. Sabía que su única salida era intentar soltarse, saltar, y rezar para llegar hasta la escalera antes de que el tiburón volviese a la superficie. Estoy muerta.

Escupió la sangre que le quedaba en la boca y levantó la cabeza para examinar sus ligaduras: sus pies estaban atados con un centenar de alambres que formaban una especie de cuerda y que a su vez estaban unidos a un cable de acero. Intentó separar las piernas. Los alambres cedían unos milímetros. Me llevará tiempo pero…

El tiburón volvió a sumergirse. Decidió que, si ese no era el salto de gracia, debía calcular el tiempo que la bestia tardaba en coger impulso. Llevaba contados veinte segundos cuando cayó al agua.

Conforme se hundía, con los pies aún atados por los alambres, pudo ver la silueta blanca acercarse agitando su aleta caudal desenfrenadamente y abriendo sus fauces a un metro de su cara.

Luego se esfumó.

En realidad fue bastante gracioso. Le pareció ver sorpresa en los ojos de muñeca de la bestia mientras era arrastrado a la oscuridad del fondo.

La cosa se puso más seria cuando aparecieron esas luces amarillas que parpadeaban con una cadencia hipnótica. Casi había perdido la consciencia cuando se dio cuenta de que eran otros ojos. ¿Pero qué coño es eso? pensó mientras ocho tentáculos la hundían en el abismo.

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4 comentarios sobre “Abismo

  1. Hola, fiel a tu estilo, pero ahora si me quede un poco corto. Es como un episodio de la zona desconocida. Muy grafico, aunque te pongo la pega de la ceguez. Digo para estar ciega ve muchas cosas, luces, superficies oscuras y demas, pero pequeña cosa. Creo que tienes el don de engancharnos, leia despavorido, tratando de llegar al resultado y al final me he quedado con mas dudas.

    Te felicito porque manejas el tema muy bien.

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