Lo que hay al otro lado

mirilla puerta

Estaba borracho, apoyado en la barra de un bar y bebiendo whisky cuando la mujer se le acercó. Llevaba un vestido rojo ajustado y demasiado maquillaje. Hubiese sido una típica escena de película mediocre si ella no le hubiese ofrecido una historia en vez de un polvo.
– Cuenta la leyenda -comenzó- que si quieres invocarle solo tienes que mirar por la mirilla de la puerta cuando no hay nadie al otro lado durante nueve segundos. Él aparecerá entonces y se te llevará.
Esperó unos segundos para cerciorarse de que lo había entendido.
– Si quieres sacarte esta historia de la cabeza, deberás contársela a otra persona.
La mujer se giró y, sin más, salió del bar.
A la mañana siguiente el hombre despertó con la peor resaca de su vida. Mientras se tomaba un café cargado se dirigió a la puerta. ¿Qué había pasado la noche anterior? No recordaba nada, excepto la historia.
Levantó la mirilla y contó: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…
¡Joder! Tuvo que soltarla. ¿Había visto una sombra? No podía ser. De todas formas, ¿qué hacía ahí plantado?
Cuando miró el reloj la segunda vez supo que tenía un problema. Llevaba una hora ahí de pie preguntándose si sería verdad y, lo que era peor, si deseaba que lo fuera.
Debía salir y buscar a alguien, quien fuera, y contarle esa historia, debía olvidarse de todo aquello, debía…
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve.

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