La Maleta – Capítulo 3: El lugar que me corresponde

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Estuve horas (o eso me pareció) sentado en la cama esperando a que me atacasen. La tensión del momento me impedía moverme, pero a la vez me confería plena consciencia del más leve movimiento a mí alrededor.

Alcé una mano frente a las narices de Fauna, agitándola de izquierda a derecha. La infeliz seguía el movimiento con la cabeza y emitía esos guturales gemidos, pero nada más.

Me atreví por fin a tocar a uno de ellos (No a Fauna, ella me provocaba una repulsión que no sabría explicar) y comprobé que podía atravesarlos. Era como meter la mano en aceite tibio. La saqué rápidamente asqueado. Mi mano estaba seca.  ¿Estaban ahí de verdad?  ¿La Maleta me ponía a prueba? ¿Quería saber si era digno?

Poco después, con los primeros rayos de sol, fueron entrando en la Maleta que se encontraba a los pies de mi cama, abierta. Si no hubiese estado tan asustado me habría parecido gracioso que cinco personas adultas se metiesen en una maleta como quien baja por unas escaleras.

Ignoraba por completo qué pasaba dentro de ella o de dónde venía. Sólo tenía unas tontas normas. Los libros que consultaba hablaban de demonios que engañaban a los hombres, historias sobre objetos mágicos que no debían ser tocados, pero ninguno de esos objetos reaccionaba como la Maleta y tampoco explicaban su funcionamiento.  Sólo advertían contra ellos… ¡qué desfachatez!

Me pasé los cuatro días siguientes sin dormir. Estaba agotado, pero no podía dejarlos solos. Cada noche salían de la Maleta, aunque yo la cerrase, aunque pusiese piedras encima. Y cada noche se hacían más fuertes, cada vez me costaba más atravesar con la mano aquella masa aceitosa. ¿Qué pasaría cuando fuesen totalmente sólidos?

Tenía demasiadas preguntas.

Al quinto día caí agotado sobre los libros. Me desperté de madrugada, no sabría decir si de ese mismo día o de un sexto,  y ellos estaban ahí. Rodeándome, respirando mi aire, emitiendo esos quejidos, esperando.

Era una situación insostenible. Le había pedido a la Maleta en más de una ocasión libros que hablasen sobre ella misma, pero cuando la abría estaba vacía.

Mientras desayunaba en una cafetería (el bosque ya no me parecía tan agradable) y miraba a través del cristal una ciudad que no era la mía, me pregunté cuánto tiempo llevaba así. Supuse que era otoño pero no podría haber dicho la fecha exacta. Le pedí a la camarera un periódico y comprobé que casi había pasado un año desde que la Maleta me fue entregada. La última vez que había leído uno fue para informarme sobre las desapariciones de Fauna y los otros tipos…

Entonces se me ocurrió.

Fui a mi escondite rápidamente (puede que ni pagase el café, recuerdo que la obesa camarera me gritaba al marcharme) y le pedí a la Maleta un recorte de periódico que hablase sobre sus hazañas, uno antiguo.

Cuando apareció experimenté algo parecido a la felicidad pero mucho más sublime. Estaba demostrándole quién mandaba, estaba ocupando el lugar que me correspondía.

El recorte hablaba de una biblioteca misteriosa que había aparecido sin más, de un día a otro. No seguí leyendo. Los libros que necesitaba estaban allí, apenas a un día de distancia en coche. Era arriesgado, pero ya no me importaba nada. Si venían a por mí les estaría esperando. Estaba preparado para que descubriesen mi poder. Al diablo con todo…

Esa noche ninguno de los seres salió de la Maleta. Lo consideré una señal.

 

CONTINUARÁ…

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2 comentarios sobre “La Maleta – Capítulo 3: El lugar que me corresponde

  1. Tenía pendiente leer esta serie que estás publicando y tiene muy buena pinta. Voy a seguir leyendo a ver a dónde nos llevas, porque de viaje nos vamos… ¿no? 😀

    ¡Un saludo!

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