La Maleta – Capítulo 1: La Maleta

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Nunca he creído en Dios, ni en el Karma, ni en la suerte. He sido un hombre práctico y he vivido una vida normal.  Ni yo ni nadie de mi familia hemos sufrido ningún tipo de enfermedad mental.  Aclarado esto, me dispongo a explicar los motivos por los que he acabado aquí.

Todo comenzó una mañana cuando me disponía a salir de casa para ir a trabajar.  Abrí la puerta y encontré una vieja Maleta a mis pies.  Encima de la Maleta habían dejado una tarjeta de visita manoseada y medio rota  en la que a duras penas se podía leer:

NORMAS

1.    Sólo usted puede usar la Maleta

2.    Por cada cosa que salga otra deberá entrar.

3.    Todo lo que entre volverá a salir.

Me pareció una broma de algún chaval pero, no sé porqué, en vez de tirarla a la basura me la quedé.

Cuando volví a casa del trabajo ya la había olvidado, tropezando con ella al entrar.

Mientras cenaba, de pié en la cocina, no dejaba de mirarla de reojo.  Me acerqué a ella. Por el peso parecía vacía pero guardaba la esperanza de encontrar algo de valor dentro. Una esperanza estúpida, nadie dejaría una Maleta con algo valioso delante de la puerta de un desconocido, así sin más.

Hice una lista mental de los posibles responsables. Fue una lista corta. Mi vida era mi trabajo y allí no había nadie que supiese donde vivía. No me gusta hacer amistades por obligación. No soporto a esa gente que finge caerse bien sólo por hacer más llevadero su día a día.  Lo considero un signo de debilidad. Puede que por eso la Maleta me escogiese…

La única persona que sabía donde vivía era Fauna, mi futura esposa. No nos habíamos prometido aún pero era algo que ambos sabíamos.  Sería oficial el día que me confirmasen mi ascenso a vicepresidente y para eso quedaba muy poco.

Estaba seguro de que había sido ella.  Encajaba con su personalidad. Fauna era una buena mujer y la había escogido porque sabía que sería una buena esposa y, en su momento, una buena madre. Pero era muy insegura y estaba ansiosa por que la boda se celebrase. En algunos de sus berrinches infantiles me acusaba de seguir enamorado de mi anterior pareja, la hija de mi jefe. No voy a negar que hubiese sido una mejor opción y que me habría ayudado a conseguir antes mi ascenso, pero  al final de nuestra relación se reveló como una persona totalmente distinta a como se esperaba de ella.

Abrí la Maleta. Vacía. Pensé que Fauna pretendía que le pidiese que se viniera a vivir conmigo o algo por el estilo. Nunca logré entenderla del todo.

La llamé y le dije que debíamos hablar en persona. Hacía un mes que no nos veíamos. Justo después de uno de sus últimos absurdos. Me había dicho que estaba embarazada, de casi dos meses. Me había recriminado llorando que ni siquiera me había dado cuenta. ¡Ella me recriminaba a mí! Le dije que no estaba dispuesto a caer en sus chantajes para adelantar la boda, que no era aceptable que tuviésemos un hijo en ese momento. Ella sabía cómo se las gastaba mi jefe. Un hijo fuera del matrimonio no sólo me hubiese supuesto perder el ascenso si no también mi trabajo. ¿No veía que era algo malo para los dos? ¿Qué clase de padre habría sido si no hubiese podido ocuparme de ellos?

Fauna era una mujer razonable y aceptó visitar a un especialista, después de que le prometiese comprar un anillo de pedida. Negociar también es parte de mi trabajo.

No puedo decir que me sorprendiera cuando la vi. Debí haberme asegurado de que cumplía su palabra. Tampoco negaré el hecho de que me alegré al ver como la ilusión de su cara desaparecía a medida que la mía se llenaba de rabia.

No hice ningún comentario sobre su estado. Simplemente le pregunté si había sido ella la que me había dejado la Maleta. Fauna empezó a llorar,  a gritarme y a golpearme.  No sé muy bien cómo me vi defendiéndome de ella con la Maleta que, con uno de sus golpes, acabó abriéndose. Tardé varias horas en asimilar lo que pasó después.

Fauna desapareció.

No hubo luces, ni una niebla fantasmal. Simplemente ya no estaba allí. ¿Había sido la Maleta? Si me hubiesen hecho esa pregunta hacía unas horas me hubiese reído, pero había pasado algo justo delante de mis narices. Tenía que comprobarlo.

CONTINUARÁ…

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