Phillies diner

Nighthawks

John caminaba de prisa, con los cuellos del abrigo subidos para protegerse de la nieve.  No veía bien por dónde iba pero estaba a pocos metros de su casa. Cuando llegó a la puerta del edificio e intentó encajar la llave en la cerradura no lo consiguió. Se maldijo, debía haberse desorientado. Le dio un golpe a la puerta y esta cedió. Cada vez nevaba más fuerte así que no se lo pensó dos veces y entró acompañado por una ráfaga helada que le obligó a cerrar los ojos.

Cuando volvió a abrirlos comprobó que se trataba en un restaurante sencillo, uno de esos “diner” que tanto le gustaban de pequeño.  No le faltaba detalle: La barra de madera, los tanques metálicos detrás de esta, las preciosas baldosas verde jade, las cristaleras que rodeaban casi completamente el restaurante…  pero ni rastro de la nieve tras ellas. Solo oscuridad.

Nadie diría que se había producido nevada alguna de no ser por los copos que le cubrían el abrigo y la cabeza.

Se giró hacia la barra para preguntar a los allí presentes por lo ocurrido. Sólo había tres clientes: Un hombre que permanecía con los brazos cruzados mirando fijamente su taza de café y una pareja que, sentados el uno junto al otro, evitaban mirarse y tocarse en todo momento. Esta falta de contacto, paradójicamente,  transmitía tal pasión contenida entre el hombre y la mujer que John tuvo que apartar la mirada de ellos, como si estuviese contemplando algo que no debía.  En cuanto al barman, era un hombre de unos sesenta años ataviado con uniforme blanco que en ese momento lavaba los platos. En su camisa llevaba una placa con su nombre: “Phill”.

El barman levantó la vista y le preguntó qué deseaba.

–          Ha parado de nevar de repente -dijo John en una mezcla de pregunta y afirmación.

–          Es probable –se limitó a decir Phill.

–          No hay ni un triste copo de nieve en la calle. No puede ser.

John abrió la puerta del restaurante para corroborar lo que decía. Salió unos segundos y volvió a entrar aturdido.

–          ¿Podría ponerme un café? No me encuentro muy bien…

Phill ya le había servido una taza antes de que se sentase en la barra.

–          ¿Me he muerto? –preguntó John en un susurro para evitar que los demás clientes le oyeran.

–          Todavía no –contestó sonriendo-. Estás esperando, como todos aquí.

–          ¿Esperando  la muerte?

El barman meneó la cabeza.

–          No, John. Estás esperando a qué Él o Ella decida qué hacer contigo. Y antes de que lo preguntes: No, no me refiero a Dios.  Me refiero al Creador. A quién ha hecho  que esta noche, sin previo aviso tu novia te abandonase y quién ha decidido que necesitabas caminar bajo la nieve para aclararte las ideas –Phill hizo una pausa para que John asimilase la información-. Esta no es tu vida John, es su historia. Igual que la de los otros clientes de este bar. Cuando un escritor no sabe qué hacer con sus personajes los manda aquí. Esa pareja lleva más de un año esperando para seguir con la historia de su romance prohibido. ¿Se quieren por encima de todo? ¿Se detestan porque empeñándose en estar juntos han destruido todo y a todos a su alrededor? Él todavía no lo ha decido. Puede que nunca lo haga. Si lo hace, volverán a su historia sin recordar este lugar. Porque este lugar no pertenece a la historia.

–          ¿Y ese hombre? –dijo mirando al otro cliente.

–          ¡Ah! No te preocupes por él. Ni siquiera tiene nombre. Lleva ahí sentado sin moverse un par de meses. Es una idea que le ronda por la cabeza, pero no creo que dure mucho…

–          ¿Y yo? –John temía que ese “no durar mucho” fuese contagioso y se imaginó a si mismo desvaneciéndose en la nada.

–          Tú eres el nuevo.

Durante las horas siguientes John intentó salir del restaurante varias veces, pero no consiguió dar más de diez pasos sin debilitarse.  Finalmente se sentó a tomarse el café. En ese momento la vio.

–          ¿A dónde lleva esa puerta? ¿Son los baños?

–          Tomate el café y espera, aquí es dónde Él quiere que estés por el momento –le espetó Phill.

John se preguntó qué pasaría si retaba al Creador. ¿Le fulminaría con un rayo? Cualquier cosa era mejor que desaparecer sin más, así que corrió hacia la puerta…

…pero esa es otra historia.

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13 comentarios sobre “Phillies diner

  1. ¡Hola Iracunda! Perdona el pequeño retraso, pues me leí tu relato nada más salir de Literautas pero por falta de tiempo no pude dejarte un comentario. Ahora que lo he releído, tengo que decirte que, sin desmerecer para nada tus textos anteriores, cada mes te superas; y te lo digo sin coba.

    Es de destacar sobre todo el “limbo” literario al que sometes al personaje y cómo él es consciente de sí mismo y determina rebelarse contra su creador, en este caso tú… o puede que otro. Y el final… sin comentarios; aunque parece abierto a especulaciones, yo apostaría a que el creador se lo ha cargado de un plumazo… Ains, no sé.

    De todas maneras y acabo, que al final el comentario va a ser igual de largo que tu relato, enhorabuena por él. Un mes más me dejas sorprendido.

    ¡Un abrazo muy gordo!

  2. ¡Que subidón de ánimos!
    Lo de que el creador se lo cargue era algo que yo también había pensado, o que consiguiese seguir su propia aventura… o que todo fuese idea del creador desde el principio (guiño, guiño)… como no me decidía y eran 750 palabras dejé un final abierto, que cada uno escoja el suyo… 😀

  3. Me gusta mucho tu relato. Ya lo leí en Literautas. Por qué no creas una lista de seguidores en tu blog? De todas formas me he inscrito por email. Enhorabuena!

  4. ¡Hola Iracunda!

    Me gustó mucho sobre todo como interpretas las posturas de los personajes secundarios, dándoles ese significado que me encantó de “historia detenida” y que encaja a la perfección.

    Aunque me quedo con la miel en los labios y quiero saber más. ¿Una continuación no te animas?

    ¡Saludos!

    1. ¡Muchas gracias!
      Puede que me anime a escribir una segunda parte, de momento estoy atascada con otra historia. A ver si me centro, la termino y la publico en el blog de una santa vez….
      ¡Nos leemos! 😀

  5. ¡Impresionante! Cuando leo relatos como estos es como si fuera pintora de acuarelas y me topara con un monet. Me ha encantado, de verdad, tu imaginación y manera de narrar las cosas, llevando al lector, lentamente, a la revelación final… Felicidades :)))

    Un abrazo

  6. Me gusta el concepto de un sitio para esperar, y me gusta la determinación del personaje y que deja la impresión de que basta una decisión para crear “otra historia”.

  7. Me ha gustado la idea del limbo de personajes… Cuantos se nos habrán quedado ahí hasta pudrirse. Lo bueno es que siempre les puedes revivir. Muy bien hilado todo 🙂 Quizá el tema del “limbo” quedaría más inquietante si se revelase poco a poco y no tan de repente, pero entiendo que para eso hace falta más extensión que 750 palabras!

    Un saludo y me seguiré pasando por aquí a disfrutar de la música de tus palabras 😉

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